Falleció el guionista de historieta Robin Wood

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por Mariano Sicart

Sobre las últimas horas de la jornada de ayer, a través de las redes sociales comenzó a circular la novedad del fallecimiento del guionista  Robin Wood. Su esposa y responsable de su productora de contenidos, María Graciela Sténico, confirmaba la triste noticia desde Asunción, República del Paraguay, donde ambos residían desde hace tiempo.  

El prolífico creador había nacido en el vecino país en 1944, al interior de Colonia Cosme, Caazapá; pequeña colonia fundada por inmigrantes australianos, aunque su ascendencia familiar reconocía ancestros escoceses e irlandeses. Fue criado por sus abuelos maternos, que le legaron su temprana afición por la lectura, además de un rico acervo cultural constituido por mitos y leyendas de aquellas tierras.  

Tras una dura infancia, plena de carencias económicas, que derivó en su incompleta formación escolar; trabajó a edad temprana en diferentes obrajes madereros, como albañil y mozo, hasta emigrar a Argentina durante mediados de la década del sesenta, donde se desempeñó inicialmente como operario fabril. Una serie de casualidades que involucran al dibujante correntino Lucho Olivera (1942-2005), determinó su ingreso a la profesión, al presentar tres guiones en la legendaria Editorial Columba, donde fue contratado de inmediato. Entonces llegó su etapa consagratoria, con personajes de la talla de Nippur de Lagash, Jackaroe, Aquí la Legión, Pepe Sánchez, Mark, Wolf, Mojado, El Peregrino y Martin Hell, éxitos desarrollados en colaboración con los principales dibujantes del sello para las revistas El Tony, D’Artagnan, Fantasía, Intervalo y Nippur Magnum

Inició entonces un periplo de viajes alrededor del mundo, además de dedicarse al aprendizaje de cinco idiomas y diferentes prácticas deportivas, en simultáneo a una producción historietística tan amplia como inabarcable, transitando todos los géneros posibles del noveno arte, siempre con un estilo reconocible, que supo conciliar popularidad y calidad. Dago, el renegado veneciano del siglo XVI, creado en 1981 junto al artista Alberto Salinas (1932-2004), permitió su ingreso al pujante mercado italiano, en Aurea Editoriale, donde orientó definitivamente su obra tras el cierre de Columba, a fines del año 2000.  

Retirado del medio en 2017, debido a una enfermedad degenerativa cognitiva que finalmente acabó con su vida ayer, deja un legado cultural invaluable, compuesto por casi un centenar de personajes gestados durante una trayectoria de cinco décadas, nada menos. Trabajos republicados también en Francia y España, entre otros países. Su enorme talento, comprobable en más de siete mil historias escritas, obtuvo el reconocimiento de la industria con la obtención de los principales galardones a nivel mundial, aunque (más importante) influenció a sucesivas generaciones de lectores aquí y allá. Seguidores que hoy sienten una  profunda tristeza por la pérdida que representa su partida.  

Se fue uno de los escribas más lúcidos y humanos de la historia del género, eficaz guía por los insondables territorios de la aventura de cualquier tiempo y lugar. Afortunadamente, quedan sus personajes, para descubrir o releer. Gracias por tanto.    


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