La Valla. Cuando la ficción saca partido de la realidad

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por J. Farías

El 2020 sin duda quedará en los anales de la historia como uno de los años mas fatídicos de la historia moderna. En esas circunstancias, es muy difícil escribir una distopía, imaginar un futuro peor que el presente. La productora española AtresMedia le encontró la vuelta: ¿Por qué no pensar una ficción acerca de una pandemia mundial y las consecuencias políticas, sociales y económicas resultantes?

OTRO LADRILLO EN… LA VALLA
La propuesta de La Valla es la siguiente: la aparición de un fatídico virus conocido como Noravirus les ha dado a los gobiernos nacionales la escusa que necesitaban para abandonar la democracia y convertirse en auténticas dictaduras. La acción transcurre en España, en 2045. Mientras la vida en las áreas rurales se ha vuelto imposible, Madrid se dividió en dos regiones férreamente cerradas; en el Sector 1 se encuentran los miembros del gobierno y los sectores más privilegiados, mientras que en el Sector 2 vive el resto de la población, en condiciones de hacinamiento, con una enorme escasez de recursos y bajo férrea vigilancia. La única manera de cruzar de una zona a otra es atravesando la valla que las separa, lo que solo está permitido a quienes disponen del salvoconducto reglamentario.

Cuando su esposa Sara Pérez Noval (Olivia Molina) fallece, Hugo Mujica (Unax Ugalde) se muda junto a su hermano Alejandro «Álex» Mujica (Daniel Ibáñez) y su hija Marta Mujica Pérez (Laura Quirós) al departamento de su suegra Emilia Noval (Ángela Molina) en la capital. Junto a su cuñada, Julia Pérez Noval (Olivia Molina), consiguen ingresar a trabajar en la casa del ministro de salud Luis Covarrubias (Abel Folk) y su esposa Alma López-Durán (Eleonora Wexler), para lo cual deben cruzar diariamente la valla, permitiéndonos así entender la enorme diferencia entre la forma en que viven ambas clases sociales.

A medida que avanza la trama, iremos descubriendo un complot dentro del propio gobierno, una espantosa conspiración que busca encontrar la cura para el Noravirus… sin importar los medios y la pequeña Marta resulta ser un elemento crucial en esta posible solución, lo que pone su vida en peligro y obliga a su familia a enfrentarse al sistema.

BUENAS INTENCIONES
Dice Daniel Écija, creador de esta serie que en nuestro país puede verse a través de la plataforma Netflix, resume de este modo la idea que intentaron transmitir: «A día de hoy hay muchos países que parece que retroceden en términos de derechos, libertades y justicia. Por eso, aun no siendo La valla una serie con voluntad política, no queríamos ser ilusos. Cuesta mucho más cambiar dinámicas políticas o de macroeconomía.» Eso la emparentaría con otras producciones como la recientemente estrenada (e inmediatamente cancelada) Utopía (2020) o el éxito de HBO El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale, 2018 – ), pero no nos engañemos: el nivel de esta serie está muy lejos del de las otras dos.

El espectador acostumbrado a este tipo de historias encontrará que La valla peca de inocente en mas de un aspecto. Las salvadas por los pelos, las situaciones inverosímiles y la buena suerte siempre de parte de los héroes, son moneda corriente en el guion. Quizás lo menos creíble de todo sea el final, muy forzado en la dirección que los escritores han querido darle.

Pese a lo declarado al principio, hay que decir que la miniserie tuvo un preestreno el 19 de enero de 2020 en Atresplayer Premium, antes de que el COVID 19 «hiciese su debut». Se estrenó en abierto en Antena 3 el pasado 10 de septiembre y posteriormente llegó a Netflix, en la modalidad de un episodio por semana, que estaba disponible cada viernes (al día siguiente de su emisión en aire). Se compone de 13 episodios de alrededor de 1 hora cada uno y si bien tiene un cierre, deja la posibilidad de una continuación que hasta el momento no está confirmada.


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