Semillas Mágicas

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por Melina Bonito

“Las palabras son como semillas mágicas: el que aprenda a usarlas encontrará un tesoro.”

Las palabras que usamos para comunicarnos con nuestros niños y niñas, como así también con nosotros mismos tienen una gran influencia, si aprendemos a utilizarlas podremos disponer de un gran tesoro, un recurso que puede crear infinitas posibilidades.

El lenguaje oral, es una de las formas de comunicación humana más compleja, bella e impactante. Se desarrolla en el ser humano no solo por información genética sino por las interacciones que realizamos con las personas que nos rodean.

El niño aprende el lenguaje por imitación, en contacto afectivo con otros seres y es el mismo lenguaje quien lo va moldeando, nombrando y creando.

A través del lenguaje se manifiesta nuestra individualidad.

El lenguaje está fuertemente vinculado con el desarrollo del pensamiento, es así como lenguaje y pensamiento se interconectan, se complementan y se desarrollan mutuamente.

El lenguaje oral, nos permite expresar nuestras emociones y sentimientos, reconocerlas, nombrarlas y aprender a gestionarlas.

Con una mirada más global, podemos afirmar que estos tres aspectos: lenguaje, pensamiento y emociones / sentimientos están estrechamente vinculados y de alguna manera, configuran la interpretación de nuestra realidad.

Podemos decir entonces que, somos lo que decimos, sentimos y pensamos de nosotros mismos. Las palabras que usamos para hablarnos a nosotros mismos, a través del lenguaje interno, tienen un impacto directo en nuestras decisiones, en el funcionamiento de nuestras relaciones y logros.
Es así como, las palabras, como unidades significativas del lenguaje oral, se convierten en poderosos decretos.

Si pensamos lo expuesto anteriormente, dentro del proceso de desarrollo e individualización de un niño, lo expresado a un niño sobre lo que pensamos de él configura su vida, su realidad y de alguna manera lo estructura.

Es así como, palabras positivas, constructivas, que expresen capacidades y no dificultades, elogien el intento, reconozcan el esfuerzo y los logros, limiten con dulzura, cultiven la ternura, expresen sentimientos y emociones sanas y respeten procesos; permite que el niño crezca con sana y buena imagen de sí mismo, desarrolle autoestima y autovaloración y se convierta en un adulto sano.

Nuestras palabras, forman una impronta que pasará a formar parte de su patrón de pensamientos y, por ende, de su interpretación de la realidad.

Utilizando un lenguaje asertivo, receptivo, amoroso y empático, palabras que empoderen, evitaremos configurar patrones de pensamientos que los alejen de sus capacidades y posibilidades.

Pensarlo de esta manera, nos invita como adultos y adultas, a conectar con nosotros mismos/as y a observar las palabras que utilizamos cuando nos comunicamos.

Nuestras palabras pueden construir lazos, abrir caminos, tejer redes y formar puentes para generar nuevas y sanas posibilidades de desarrollo, crecimiento y comunicación de los niños y de las niñas que nos rodean; o pueden hacer todo lo contrario.


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